La historicidad como principio de la compresión del Dasein
Ricardo Milla
Pontificia Universidad Católica del Perú
El trabajo abordará la problemática de la comprensión entendida como un acontecer propio del ser en tanto se da en un ser que tiene la capacidad de recibirlo e interpretarlo. Este ser será entendido desde la perspectiva heideggeriana del Dasein, teniendo a éste como la existencia del ser humano como ser-en-el-mundo. Ser en el mundo es estar arrojado a una condición ya dada de circunstancias que determinan óntica y ontológicamente a la existencia humana. Además se profundizará en cómo este acontecer de la comprensión sólo se entiende bien cuando el Dasein es puesto como un ser en el tiempo y que pertenece a una historia que lo sobrepasa y que podríamos entender como tradición e historia efectual, para lo cual nos valdremos de elementos propios de la hermenéutica filosófica de Hans-George Gadamer. Abordaremos, por lo tanto, la temporalidad como elemento fundante en la comprensión que tiene el Dasein del mundo.
Lo que se tratará de analizar es qué es la temporalidad y de cómo es indispensable para pensar la comprensión. Si se tiene al Dasein como un ser arrojado en el mundo, esto significa estar en una condición ya dada, con una historia que lo precede y de que es parte, entonces se podría entender que el Dasein no tiene una conciencia independiente a los avatares del devenir del tiempo, lo que convierte a su conciencia en una conciencia histórica antes de una atemporal o eterna, como lo hubiese creído la metafísica tradicional. Así, el comprender se impregna de tiempo. No existiría algo así como ideas eternas que serían captadas por una conciencia inmaculada. La conciencia es más bien una conciencia teñida por la tradición que le precede ontológicamente al Dasein y de la que él es parte. Entendemos por tradición a las múltiples voces que conforman un determinado ethos de una comunidad. De esta manera, historia y tradición marcan profundamente el devenir del Dasein en su estar en el mundo.
Vamos a entender aquí por historia no la historia simplemente narrada como hechos pasados, sino que es una instancia en que se despliega la cultura del Dasein y es ella la que lo contiene antes que él la manipule. La historia es, pues, según la perspectiva hermenéutica, algo que envuelve al hombre.
La comprensión como modo de ser del Dasein
El Dasein es un ser arrojado en el mundo, como indica Heidegger en su célebre obra Ser y tiempo. Esta condición es una condición ontológica, es decir, que atañe a lo más profundo de su ser. El Dasein, el existir humano, no está desligado del mundo, pues sólo el hombre es capaz de tener mundo. La complejidad de vida y existencia del Dasein es lo que le permite esta tenencia de mundo, a diferencia del animal que carece de mundo o de las cosas como tales que tampoco tienen mundo. El mundo es entendido, pues, como la instancia que se hace habitable el ser humano. En este mundo el Dasein experimenta una gama de sensaciones, lo que llamamos experiencias. Dentro de los frutos de estas experiencias hay una en particular que llama la atención: la comprensión. La comprensión es un existencial del Dasein, esto es, es una conditio sine qua non para su condición de Dasein. Un existencial atañe a lo que es ontológico a diferencia de un existensivo que tiene que ver con lo óntico . Así, comprensión es un modo de ser del Dasein en tanto su estar en el mundo.
Parte de este estar en el mundo del Dasein es su condición de cuidado . Sorge se dice en alemán, que se puede traducir también por cura. La cura, como cuando alguien tiene a cuidado obras de arte, es la capacidad del Dasein de conservar lo que le es dado en su condición de arrojado. A este cuidado se le suma el poder-ser. El Dasein, como ser para la muerte, es decir, un ser que tiene un “término”, encuentra en su estado de arrojado que tiene posibilidades, posibilidades in se y posibilidades con los demás entes. El cuidado y el poder-ser facultan al Dasein su carácter ontológico de la comprensión. Sin cuidado no hay comprensión ni tampoco poder-ser. La comprensión es una posibilidad abierta del Dasein y es la apertura que tiene éste para con su mundo. “Para Heidegger comprender es sinónimo de iluminación no referida a objetos concretos sino al mundo en su totalidad; comprender no se relaciona para él con apropiación alguna de contenidos particulares sino con las posibilidades de realización de la existencia, con las posibilidades que tiene el ser-ahí de comportarse en el mundo: por eso el comprender la aperturidad de todo lo que encontramos.”
El comprender del Dasein, además, esta signado por algo que Heidegger llamó el círculo hermenéutico. El círculo de la comprensión es uno del todo y las partes que no se anula a sí mismo sino que llega a su plenitud cuando ha llegado a la interpretación. Si bien no lo menciona Gadamer, los pasos del círculo es ir de la precomprensión a la comprensión para terminar en la interpretación. El punto de partida no es el mismo que el de llegada, con la variable que la experiencia de andar por el círculo ha cambiado el tono del final haciendo que algo nuevo acontezca. En palabras de Gadamer: “describe la comprensión como la interpretación del movimiento de la tradición” . Se participa de la tradición que nos determina de una manera tal que se mezcla con nuestra comprensión de lo real. “El círculo de la comprensión no es en este sentido un círculo “metodológico” sino que describe un momento estructural ontológico de la comprensión” . Este círculo hermenéutico es la forma en que se da la comprensión y es el modo propio en que el Dasein se encuentra con su mundo en su condición de yecto.
Temporeidad e historicidad en el Dasein
La temporeidad del Dasein es ante todo el recorrido entre el nacimiento y la muerte. El nacimiento le es una realidad que es-siendo-sida y la muerte se le da como su realidad última. Nacimiento y muerte son “términos” del Dasein. El ser-para-la-muerte descubre que la realidad más prístina del hombre es su propia muerte y que de ahí comprende la totalidad de su vida, por lo que su pasado cobra una tonalidad ontológica superior. Ser para la muerte es estar volcado a la potencia del tiempo y hace ver la temporeidad propia del Dasein. Aquí también recordamos la situación de cuidado que tiene el Dasein con su existencia, puesto que ese “entre” del nacimiento y de la muerte es un “entre” que está signado por el cuidado. “En cuanto cuidado, el Dasein es el “entre”.”
Además nos dice Heidegger:
El análisis de la historicidad del Dasein intenta mostrar que este ente no es “tempóreo”porque “esté dentro de la historia“, sino que, por el contrario, sólo existe y puede existir históricamente porque es tempóreo en el fondo de su ser.
“La finitud, cuando es asumida, sustrae a la existencia de la infinita multiplicidad de posibilidades de bienestar, facilidad, huida de responsabilidades, que inmediatamente se ofrecen, y lleva al Dasein a la simplicidad de su destino [Schicksal].”
El destino retumba en el Dasein porque él mismo es destino. En su finitud está signada la huella del destino, lo que le viene dado desde el pasado que le es-siendo-sido. El ser-en-el-mundo del Dasein le permite estar abierto a todas las circunstancias que acontezcan en su vida.
Heidegger es claro al indicar que:
Cuando el Dasein, adelantándose [hasta la muerte], permite que la muerte se torne poderosa en él, entonces, libre ya para ella, se comprende a sí mismo en la propia superioridad de poder [Übermacht] de su libertad finita (libertad que sólo “es” en el haber hecho la propia opción), para asumir en esa libertad finita la impotencia [Ohnmacht] de su estar abandonado a sí mismo y poder ver con claridad las contingencias de la situación abierta. Pero, si el Dasein destinal existe esencialmente, en cuanto estar‐en‐el‐mundo, coestando con otros, su acontecer es un co‐acontecer, y queda determinado como destino común [Geschick]. […] El destinal destino común [dasschicksalhafteGeschick] del Dasein en y con su “generación” es lo que constituye el acontecer pleno y propio del Dasein.
Por otro lado, el tema de la repetición y de la tradición son importantes para el estar-en-el-mundo del Dasein y dan muestra de su temporeidad e historicidad.
Ahora bien, si el destino constituye la historicidad originaria del Dasein, el peso esencial de la historia no recae ni en el pasado ni en el presente en su “conexión” con el pasado, sino en el acontecer propio de la existencia, que brota del futuro del Dasein. La historia, en cuanto forma de ser del Dasein, hunde sus raíces tan esencialmente en el futuro, que la muerte, como esa posibilidad del Dasein antes descrita, rechaza a la existencia precursante hacia su fáctica condición de arrojada, otorgando así al haber‐sido su peculiar primacía dentro de lo histórico. El modo propio de estar vuelto hacia la muerte, es decir, la finitud de la temporeidad, es el fundamento oculto de la historicidad del Dasein.
La historia tiene su peso en el haber-sido que parte de la importancia del futuro del Dasein cuando éste encara la muerte propia. La repetición es el acto por el cual el Dasein vive su historicidad, en que repliega sobre sí su temporeidad.
Al Dasein le es propio tener un mundo y estar en él. Comprender es proyectarse una posibilidad propia de ese estar en el mundo. El mundo es lo que fundamenta la existencia y posibilidad del Dasein. Por lo que: “El acontecer de la historia es el acontecer del estar‐en‐el‐mundo. La historicidad del Dasein es esencialmente historicidad del mundo, un mundo que, en razóndel carácter extático‐horizontal de la temporeidad, pertenece necesariamente a la temporización de esa temporeidad.” La historicidad del mundo es posible gracias a su participación del ente intramundano que es el Dasein. “La historicidad propia comprende la historia como el “retorno” de lo posibley sabe, por eso, que la posibilidad sólo retorna cuando la existencia estádestinal‐instantáneamente abierta para ella en la repetición resuelta.”
Comprensión y temporalidad
Nos dice Gadamer: “Cuando intentamos comprender un fenómeno histórico desde la distancia histórica que determina nuestra situación hermenéutica en general, nos hallamos siempre bajo los efectos de esta historia efectual.” La historia efectual se alza como una suerte de impulso desde la historicidad de la que participa el hombre. Todo lo que se da en el horizonte de la vida humana está ya afectado por esta historia efectual. Y la conciencia de dicha historia no es otra que la conciencia de la situación hermenéutica, esto es, el lugar de comprensión en que se está.
Gadamer indica que historia efectual es infinita, no se acaba. “Pero esta inacababilidad no es defecto de la reflexión sino que está en la esencia misma del ser histórico que somos. Ser histórico quiere decir no agotarse nunca en el saberse” .
A este estar de la situación hermenéutica le corresponde esencialmente, según Gadamer, el concepto de horizonte. Por horizonte entendemos cualquier campo de visión desde el cual se abarca una determinada porción de espacio desde cierto sitio. El horizonte promete tener la visión abierta para poder juzgar de manera prudente el devenir de las cosas. Así, “la elaboración de la situación hermenéutica significa entonces la obtención del horizonte correcto para las cuestiones que se nos plantean cara a la tradición” .
A decir de Gadamer: “El horizonte es más bien algo en lo que hacemos nuestro camino y que hace el camino con nosotros. El horizonte se desplaza al paso de quien se mueve” . Por lo que, “comprender una tradición requiere sin duda un horizonte histórico” . Y es central para Gadamer esta idea de los horizontes pues “Comprender es siempre el proceso de fusión de estos presuntos “horizontes para sí mismos”” . Y esta fusión tiene parte y acaece en la tradición. En conclusión, “El proyecto de un horizonte histórico es, por lo tanto, una fase o momento en la realización de la comprensión, y no se consolida en la autoenajenación de una conciencia pasada, sino que se recupera en el propio horizonte comprensivo del presente” .
La comprensión es el modo en que el Dasein se conecta con la historia y sus efectos. El ser del Dasein es un ser histórico, si seguimos la línea de Heidegger. El centro mismo de la filosofía o del filosofar se vuelve histórico al ser pensado desde la perspectiva existencial del Dasein. Si el ser del Dasein es histórico, entonces sus demás producciones lo serán. Como indica Heidegger en el §76 de Ser y tiempo, el saber histórico, la historiografía es una producción que parte de la misma capacidad ontológica de la historicidad. De esta manera podríamos ir afirmando que la comprensión tiene un arraigo en la temporalidad o historicidad del hombre y que, por ende, está afectada por las circunstancias en las que está sumergida una existencia humana en particular. La conciencia del Dasein es así porque es histórico . A decir de Gadamer: “El ideal de la comprensión universal histórica es una abstracción errónea que se olvida de la historicidad.” Sin historicidad no hay verdadero pensamiento ni verdadera conciencia. La comprensión sólo puede ser comprendida como una comprensión de la temporalidad. Si seguimos a Gadamer en sus afirmaciones, podemos llegar a pensar que la raíz de la comprensión es la historicidad, que no hay una conciencia ni una comprensión universal o abstracta solamente.
Lo crucial en la argumentación que seguimos es que el ser del Dasein es un ser histórico. Es un ser que es precario y cambiante, no universal ya dado para siempre sin cambios, como lo sería un objeto de la ciencia natural. En el metodologismo, que critica tanto Gadamer y contra el que lucha como una de las tantas herencias de la modernidad, es lo que se trata de esquivar aquí. “La historicidad, es decir, la temporalidad, significa ser en un sentido más originario que el estar ahí dado y que la ciencia natural trata de conocer.” Así, de esta manera es posible comprender que la historia como tal es gracias a la historicidad de la existencia humana, porque ¿qué historia podría existir si no es una historia que nace de la primacía ontológica de la temporeidad humana?
Las diferentes sucesiones históricas dan muestra de cómo la comprensión es temporal. La verdad histórica no acaece en un “continuum” atemporal sino en un acontecimiento único en el tiempo que lo convierte en irrepetible . El sentido de la historia es un sentido de fuerza, fuerza que nace de la comprensión como acontecer de la temporalidad del Dasein. Fuerza y sentido están íntimamente ligados al fenómeno de la comprensión, pues es en él en que acaecen la espacialidad y temporeidad del Dasein.
Umbral
Esto nos lleva a pensar de manera distinta la historia. Como dijimos más arriba, la historia es una historia que nos cubre y nos sobrepasa porque en la raíz de ella está la condición de historicidad. Pero es posible que la historia sea vinculante en la existencia humana porque hay algo llamado tradición, que es la unión de múltiples voces que provienen de un éthos común. Tradición es lenguaje también, pues la tradición se comunica en el entramado de la lingüisticidad. Lingüisticidad y temporalidad son caras de la misma moneda. El lenguaje en la conversación nos sobrepasa, la conversación es el modo propio en que el lenguaje muestra su condición ontológica de existencial. La conversación acontece independientemente a la voluntad del Dasein, como lo es su historia y también la historia en sí misma. “La historia que nos determina y que a la vez requiere de nuestra activa recepción, fija los límites de nuestro contexto hermenéutico efectivo, límites siempre susceptibles de ampliación en la posibilidad de apropiarnos de lo ajeno mediante la comprensión, en la posibilidad de que todo lo ya comprendido pueda ser superado por la apertura de un mejor comprender, en un esfuerzo infinito en el que siempre nos desborda la riqueza de la historia.” En el lenguaje confirmamos la temporalidad del Dasein puesto que vemos en él el cumplimiento del pasado que aún resuena y que se hace efectivo en el presente. Por eso podemos decir junto con Gadamer que “esto significa que la historia es lo que fuimos y lo que somos. Es la dimensión vinculante de nuestro destino.”





